El dedo índice de la mano derecha pulsa ansioso el botón de la máquina tragaperras -la ausencia de palanca le quita un poco la magia-, el vasito espera vacío la recompensa de la fortuna, nada se divisa en la rueda, las caras giran a una velocidad imperceptible a la vista, todo va frenando. Trébol, guinda y un cuadrado con la leyenda que indica bonus track. No hay coincidencias, el vaso sigue vacío, pero la mujer inmutable y casi autómata continúa con la mecánica de seguir metiendo moneditas en la máquina y pulsar el botón con su dedo.
Rodeada de gente y absorbida por lo vertiginoso del juego sigue inmersa en una soledad compartida. Un centenar de personas se encuentra en otras máquinas tragamonedas del lugar con la misma actitud, todos sentados con sus vasitos esperando un guiño de la suerte. En el medio del salón, lleno de luces de colores, se encuentra el juego fuerte del lugar: la ruleta. Alrededor de la mesa, los apostadores siguen con atención el baile de la pelotita en la ruleta electrónica. Negro y rojo, par e impar y una escala que va del 0 al 36, definen destinos. "No va más. Colorado el 23", anuncia la máquina y un hombre festeja. "Le tenía fe al 23", explica.
Detrás de una cortina del salón de juegos que se encuentra ubicado sobre la avenida Hipólito Yrigoyen, en Adrogué, está el bingo. Los jugadores, en su mayoría mujeres, se sientan alrededor de la mesa con sus cartones a la espera del grito del "cantor". Los números se suceden hasta que se escucha el eufórico: "bingo". Ya hay un ganador.
La escena se repite en Lomas de Zamora, Adrogué y Lanús, donde las casas de juegos se instalaron desde hace más de una década para hacerse fuerte. No hay horarios, no hay condiciones climáticas ni fechas en particular que marquen una diferencia. Nada parece frenar la concurrencia de gente que se incrementa con el correr de los días.
En los últimos dos años, sobre todo después de la depresión que significó la crisis económica de 2001, cuando las apuestas disminuyeron un 40 por ciento, la actividad se recuperó y casi se duplicó la cantidad de gente que concurre a las salas de juego de la zona.
Es difícil pasar por la avenida Hipólito Yrigoyen y ver el estacionamiento del Bingo Adrogué vacío. "Acá nosotros trabajamos muy bien con los clientes del bingo. Todos los días y a toda hora hacemos viajes. Viene gente de todos lados a jugar. En la semana se mueve bien el trabajo, pero los sábados y domingos esto explota", asegura José, un remisero de Lomas que traslada pasajeros del bingo de esa localidad.
"Cada vez que puedo vengo a jugar. No me siento un jugador compulsivo, pero me gusta venir acá y divertirme apostando en los tragamonedas", sostiene Ricardo (57), que va al menos dos horas, cuatro días a la semana a jugar a las salas de Temperley.
Las casas de juego de azar constituyen un fenómeno económico y social que mueve a miles de personas en la región y que arrastra una recaudación millonaria.
El interventor de la Lotería de la Provincia de Buenos Aires, Francisco La Porta, consideró que "después de la caída del 2001, que fue estrepitosa, en el 2005 tenemos una proyección de incremento de recaudación superior al 30 por ciento\u201d.
Sólo en tragamonedas la recaudación se multiplicó por 60 en los últimos cuatro años. Rondaba los 7 millones en 2001 y llegó a los 450 millones de pesos en 2004.
La Porta aseguró que "la considerable diferencia es producto de dos factores que han aplicado. Uno es la implementación de una mayor cantidad de máquinas a las que había hace 4 años y el segundo se debe al control riguroso de los juegos clandestinos".
Sin embargo, en las salas de juego de la zona indican que también hay un incremento importante de la cantidad de jugadores, algo que en el Instituto de Loterías y Casinos de la Provincia prefieren no abordar.
Lo cierto es que sólo en junio los tragamonedas del territorio bonaerense generaron casi 100 millones de pesos, un 30 por ciento más que en el mismo mes del año pasado. En lo que va del 2005, la recaudación de las maquinitas asciende a los 559.609.068 pesos, mientras que en 2004 para esta fecha era de 412.159.153 pesos.
Las apuestas en máquinas tragamonedas y bingos en la provincia de Buenos Aires aumentaron al menos un 30 por ciento en el 2004 con relación al 2003, según estimó la empresa Codere Argentina, concesionaria de juegos de azar.
En el distrito -donde Codere opera 8 salas de bingo distribuidas en Lomas de Zamora, Temperley, La Plata, Mar del Plata (4 salas), y San Miguel- se apostaron durante el 2003 casi 610 millones de pesos en máquinas tragamonedas y otros 329 millones en las salas de bingo. Según los voceros de la empresa, esto significó para la Provincia una recaudación total de impuestos que ronda los 263,2 millones de pesos, y para los municipios un aporte de 13 millones. En la Argentina, el Grupo Codere posee inversiones valuadas en aproximadamente 200 millones de dólares. Opera directamente 965 máquinas tragamonedas repartidas en los ocho bingos de la Provincia.
En la zona, las salas de juego se propagaron en la última década. Sólo desde Burzaco hasta Lanús, la región presenta un abanico compuesto por dos agencias hípicas y cuatro bingos, con ruletas electrónicas y máquinas tragamonedas. Un dato para destacar es que al contrario de lo que ocurre con otros juegos, en los bingos predomina la concurrencia de público femenino.
"Es verdad que cada vez viene más gente a jugar. Los fines de semana el estacionamiento está abarrotado de autos. Todas las personas que vienen acá son de clase media, media alta y tienen esa posibilidad de derrochar dinero en el juego, claro que siempre está latente la esperanza de ganar el pozo o hacer saltar la banca", comentó un empleado del Bingo de Adrogué, quien pidió reservar su identidad.
Consultado por Info Región, el psiquiatra y especialista en el tema, Héctor Felipe Díaz Usandivaras, indicó que "existe un incremento en la concurrencia a los lugares de juego. Se vive una situación marcada por dificultades económicas, donde las personas se sienten estimuladas con el juego, quieren jugar para salvarse. Además, hay otro fenómeno social que tiene una consecuencia psicológica que es la compulsión al consumo.
Vivimos inmersos en una sociedad consumista y entonces consumimos juegos de azar para ver si conseguimos más plata para consumir más cosas".
Díaz Usandivaras es uno de los especialistas dedicados a la cara más desagradable del juego: la de los jugadores compulsivos. "El juego se termina transformando en una enfermedad" asegura el especialista. Y agrega: "Los casos de ludopatía crecieron con la cantidad de bingos".
Cabe recordar que hace 20 años para encontrar una sala de juegos con las características que tienen las de la zona había que viajar hacia los lugares turísticos más concurridos como Pinamar, Córdoba o Mar del Plata.
Por su parte el sociólogo Horacio González, en declaraciones a este medio, resaltó: "Lo que hay que destacar es que más allá de que el juego siempre estuvo presente en cualquier contexto histórico, existe una base de carencias sociales que invita a jugar de una forma más enérgica".
El boom en la zona, como en toda la Provincia y el país son los tragamonedas. Sólo en las salas de Lomas de Zamora y Temperley hay casi doscientas máquinas de las 1.100 que tiene la empresa Codere en Buenos Aires. De la facturación bruta en 2003 que fue de 175 millones de pesos, en los tragamonedas se recaudaron 86 millones; otros 82,5 millones en cartones de bingo y el resto (6,5 millones), en gastronomía.
Los datos giran en torno a la recaudación y no se hacen públicas las cifras sobre la cantidad de personas que acuden a las salas de juego. De acuerdo con estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de dos tercios de la población adulta participa en alguna forma de juego de azar. Además, los datos extraoficiales indican un incremento de más del 50 por ciento con respecto a 2003.
"No me gusta mucho jugar al bingo, pero sí me fascinan los tragamonedas y a veces también juego a la ruleta. Empecé a venir hace dos años. Tenía 30 años y trabajaba como administrativo, cada vez que podía me hacía una escapada a las máquinas. Está todo medido: una noche buena sé que me puedo llevar hasta 100 pesos y una mala puedo perder lo mismo, pero para ganar hay que apostar. Un día quizá me salvo", cuenta Ramiro, con la mirada fija en la máquina elegida y con el vaso medio lleno... o medio vacío.
El joven asegura que hay "muchos mitos y estrategias estúpidas detrás de las tragamonedas". "Hay gente que camina atenta a que abandone una máquina un tipo que tira la toalla en racha perdedora porque creen que los tragamonedas compensan. Hay otros que dicen que después de ganarle dos veces te tenés que ir y hay otros más cabuleros que no quieren ni siquiera que les hablen", explica María Clara (40), vecina de Adrogué.
En la recorrida que realizó Info Región por las salas de juego de la zona, tanto jugadores como empleados coincidieron en destacar que en los últimos dos años hubo un incremento notable en la cantidad de jugadores.
Un empleado del Bingo Lomas reconoció que "desde principios de 2004 el juego volvió a recuperar la cantidad de gente que tenía antes y en los últimos meses la viene superando".
Para Juan Carlos, un comerciante de Banfield, "la clave está en las máquinas tragamonedas que le dan a las salas de juego un aspecto más parecido a Las Vegas; son como los videojuegos de los grandes".
Para Díaz Usandivaras, hay varios factores que contribuyen a este incremento: "Uno es que la gente dispone de más efectivo. Venimos de años de recesión y crisis. Ahora tenemos un respiro y la gente juega plata. Ese fenómeno se da en la clase media. En los estratos más bajos hay un sector que también juega para tratar de salvarse de su situación socioeconómica actual. En todos los casos se raya con la patología".
Los bingos deben pagar a la Provincia el 34 por ciento de su recaudación, que oficialmente se destina, entre otros fines, a Educación, Acción Social y a la Policía, que, además, recibe el 20 por ciento de la jugosa recaudación de las máquinas tragamonedas. El año pasado los bingos aportaron a la gobernación bonaerense unos 260 millones de pesos, lo que presupone una facturación que supera los 800 millones.
Lo cierto es que, más allá de las estadísticas, de la recaudación, de los análisis y de los especialistas, existe una realidad marcada por el incremento de gente que, en busca de compañía, de aumentar su caudal de dinero o salir del "pozo" se acerca a las salas de juego de la zona y define su destino inmediato en una ranura, una pelotita o en una bolilla.


